Carlos Gómez: “La industria inteligente permite que más personas dentro de la organización se involucren en la mejora del negocio”

El especialista en Data Science, que ha desarrollado modelos algorítmicos en compañías como Google, Netflix y Facebook, conversó con profesionales del Centro de Investigación e Innovación sobre los cambios que implica la transformación digital para las empresas y su impacto en la industria vitivinícola.

 

En su paso por Chile, Carlos Gómez, PhD en Ingeniería Médica y Eléctrica del MIT, encontró un lugar donde se unen dos de sus más grandes motivaciones: la ciencia aplicada y la producción de vino.

 

Los profesionales del Centro de Investigación e Innovación (CII) de Viña Concha y Toro tuvieron la oportunidad de conversar con él, responder a estas dos inquietudes, y compartir experiencias sobre el tránsito hacia una industria vitivinícola inteligente.

 

Gómez, quien ha liderado proyectos de Big Data en plataformas digitales, también tiene como hobby producir vino a pequeña escala en su casa de California, EE.UU. Este pasatiempo, junto a su formación profesional, lo llevó a interesarse por el CII. Además, tuvo la oportunidad de visitar el centro turístico de Pirque, donde pudo degustar los vinos de la línea Marques de Casa Concha.

 

El experto en Data Science, productos tecnológicos y modelos de algoritmos, quien lideró el sistema de recomendación de Netflix -dentro de otros logros- explica el impacto que tiene la transformación digital, como una nueva aproximación a los negocios, que ya está cambiando la forma de operar de las empresas.

 

¿De qué manera puede llegar a cambiar el uso del Big Data, Inteligencia Artificial y otras herramientas de la transformación digital el funcionamiento de una empresa?

Por un lado, yo creo que ayuda mucho tanto la ciencia como la tecnología, pero son dos cosas diferentes. La ciencia se enfoca en tratar de entender el porqué de las cosas y es muy útil para generar ideas realmente innovadoras y fundamentales. La tecnología te ayuda a optimizar y mejorar procesos. Muchas veces, cuando el impacto es grande en la industria, las dos van de la mano. 

En cuanto al vino, se han dado algunas oportunidades para mejorar su diseño. Ahora se pueden entender mejor los parámetros del proceso de vinificación, que producen diferentes compuestos aromáticos y químicos, y luego cómo se corresponden esos a la experiencia de la gente que disfruta de ese vino. 

Al final, la transformación digital aporta en todo el proceso de producción del vino: en la logística del negocio, en la vitivinicultura y en las estrategias de marketing de cara al cliente.

 

¿Qué efectos de esta transformación digital ves, no sólo en cómo se estructura la empresa, sino en cómo su público interactúa con ella?

Idealmente lo que debe ocurrir es que la velocidad con la que se mejoren los productos va a aumentar, por lo que el consumidor va a estar contento y va a poder disfrutar de mejores productos. Por otro lado, la competencia se va a poner más interesante, ya que una mayor cantidad de compañías van a utilizar este tipo de prácticas para mejorar las cosas. 

Además, la industria del vino aún tiene prácticas muy artesanales, de mucha tradición. Creo que es positivo apoyar al artesano, ayudarle a entender rápidamente, a identificar problemas y oportunidades. Esa interacción debe de ser extremadamente útil.

 

¿Crees que todas las industrias tienen el potencial de ser smart?

Yo creo que sí, de todas maneras. Porque en gran parte es permitirles a más personas dentro de la organización involucrarse en la mejora del negocio y del producto, usando el método científico. Esto en vez de tener a poca gente, los enólogos en este caso, siendo los únicos visionarios. También ayuda a tardar menos tiempo en darse cuenta qué funciona y qué no, porque permite una retroalimentación más rápida.

 

Desde el Centro de Investigación e Innovación se está liderando esta transformación digital para Viña Concha y Toro. ¿Qué cualidades crees que debieran tener los equipos que encabezan estos cambios?

Según mi experiencia, no tienen que tener un problema de ego, sobre todo. Tienen que ser extremadamente colaboradores e invitar a todo su equipo y a toda la compañía a contribuir con ideas y a desarrollar en conjunto las mejoras del producto. 

Por un lado, tiene que gustarles el cuestionamiento continuo de cualquier supuesto. En general, las hipótesis más básicas a fin de cuentas acaban siendo, o no tan ciertas, o más complicadas de lo que se pensaba. Al entender eso, se presentan muchas oportunidades de mejora.

En realidad, todo es un trabajo en equipo, usando el método científico para entender sus productos, su negocio y a sus clientes, para así poco a poco ir mejorando.

 

 

Los objetivos del CII se alinean con esta tendencia, sobre todo a través del Programa Estratégico de Industria Vitivinícola Inteligente. Las investigaciones realizadas bajo esta temática apuntan a aplicar, de la manera más eficiente posible, las nuevas herramientas tecnológicas para optimizar la producción del vino. Esto no sólo permite eliminar el error humano, sino que también entrega información completa y en tiempo real sobre los procesos de vinificación.

 

Esto es lo que se denomina Big Data, información a gran escala que puede ser analizada y modelada para alcanzar un mayor conocimiento sobre los procedimientos, además de tener un respaldo con datos duros.

 

 

La ciencia detrás del vino

Desde su bodega personal en California, Carlos hace sus propios experimentos. Lleva más de 14 años haciendo vinos a pequeña escala, probando distintas cepas y técnicas de vinificación.

 

Su interés por esta práctica viene desde pequeño, cuando iba con su padre a diferentes destiladoras de tequila, en su natal México, para conocer en profundidad el proceso de producción de esa bebida. “Siempre encontré interesante la combinación entre lo artesanal y la ciencia”, explica.

 

Después de irse a vivir a Estados Unidos se le hizo difícil encontrar tequila de buena calidad, por lo que prefirió cambiarse a la cerveza y el vino.

Con el conocimiento sobre levaduras que había adquirido durante su doctorado en biofísica, comenzó a hacer cerveza, pero se aburrió de este hobby rápidamente. “Hacer una cerveza bebible, es muy fácil, muy sencillo. Entonces decidí empezar a hacer vino y encontré que era mucho más complicado y mucho más sensible”, recuerda Carlos.


Las dificultades que tuvo fueron evidentes: “Por ejemplo, perdí varias de las cosechas que traté de procesar para hacer vino, por infecciones de ciertas bacterias, se me convirtió en vinagre, o porque el nivel de azufre estaba mal y generó unos olores medios feos”.

“En parte creo que tiene que ver con que uno no cocina los ingredientes cuando empieza, no escoges exactamente qué le pones. Sino que cosechas la uva y tienes que trabajar con eso que tienes. Ya tiene su nivel de acidez, con ciertos organismos, etc.”.

 

Con toda la experiencia que has ganado en estos 14 años de producción de vino, ¿qué prefieres para tu bodega? ¿Industrial o artesanal?

Artesanal, pero con ciencia. Así que no será Big Data, será Small Data.