“Queremos convertirnos en referente mundial de investigación vitivinícola”

A dos años de su inauguración, y habiendo estrenado hace solo algunos días el nuevo laboratorio de Biología Molecular, Gerard Casaubon, director del Centro de Investigación e Innovación de Viña Concha y Toro, se refiere a la decisión de la compañía de contar con este tipo de infraestructura –único en Latinoamérica- y que hoy da sus primeros resultados.

En el corazón de la región del Maule, en la comuna de Pencahue, se levanta desde el año 2015 una moderna edificación modular de 1.500 metros cuadrados. En ella, un equipo integrado por 18 personas, liderados por Gerard Casaubon, promueve la excelencia y la búsqueda de nuevo conocimiento del vino, para de esa forma, impactar la industria mundial.


“Cualquier empresa quisiera poder acceder a través del conocimiento a ventajas competitivas y comparativas que impacten positivamente en su calidad y productividad. Así lo entendió hace mucho tiempo la compañía, que venía desarrollando investigación de manera colaborativa con Universidades locales”
, señala Casaubon.

El ingeniero agrónomo de la UC cuenta que la innovación está impregnada en el ADN de cada una de las áreas de la compañía y que fue “ese elemento el que impulsó al directorio a dar un paso más, y decidir contar con capacidad intramuro, tanto de infraestructura y equipamiento como de capital humano, que le permitiera acelerar todos los procesos y poner a la viña a la altura de otras grandes compañías del mercado internacional”.

El Centro de Investigación e Innovación (CII) está compuesto por tres edificios, cada uno representa una línea de desarrollo, según explica su director. El primero es la Bodega Experimental, equipada con tecnología industrial que permite trabajar a pequeña escala de vinificación con el objetivo de analizar y experimentar nuevas alternativas de desarrollo para la vitivinicultura de la compañía y del sector en general.

El segundo edificio contempla un laboratorio Químico y uno de Biología Molecular. El primero está enfocado en investigaciones en materias agrícolas y enológicas, y reúne a los investigadores encargados de experimentar y analizar los procesos productivos desde una perspectiva más clásica e instrumental, que permite determinar un amplio espectro de metabolitos, como aromas, ácidos orgánicos, metales, pesticidas, polifenoles, entre otros.

El laboratorio de Biología Molecular recientemente fue inaugurado y permite identificar tempranamente las enfermedades del viñedo como hongos de la madera, virus y bacterias, entre otras, las cuales pueden ser identificadas a tiempo a partir del uso de herramientas moleculares. “Este laboratorio es único dentro de la industria vitivinícola y cuenta con equipamiento y tecnología de última generación que nos permitirá diagnosticar y certificar el material vegetal de vides”, afirma el director.

El tercer edificio es un espacio de extensión y aprendizaje para conferencias, seminarios y capacitaciones. Además, cuenta con una sala de degustación y experimentación sensorial. “Somos un punto de encuentro para el intercambio de conocimientos entre los actores más relevantes de la industria, entre ellos, productores, proveedores, universidades y comunidad cercana”, concluye Gerard Casaubon.

 

 Primeros resultados

Álvaro González, subgerente I+D, junto a Gerard Casaubon, director del CII.

“Como Centro de Investigación e Innovación desarrollamos un Plan Estratégico 2016-2020, el cual servirá de hoja de ruta para posicionar a Viña Concha y Toro como líder en investigación, desarrollo e innovación en la industria del vino mundial. Hoy presentamos avances en investigación, pero sin duda hacia el futuro lograremos resultados concretos que impactarán significativamente a la industria vitivinícola”, señala el director del CII.

Se trata de tres investigaciones emblemáticas para la compañía que entregan sus primeros resultados: uso del dron en labores agrícolas; app GRAPPE para apoyar el deshoje; y el estudio de aptitud de distintos materiales vegetales clonales de Cabernet Sauvignon en la localidad de Cauquenes.

“Uno de los focos del CII ha sido adaptar tecnología disponible en el mercado a las necesidades específicas de la industria vitivinícola. Por ejemplo, para apoyar la predicción del volumen de cosecha y alcanzar a corto plazo un 90% de exactitud, el CII-en colaboración con otros actores científicos y tecnológicos- generó un complejo modelo de inteligencia artificial que recibe, procesa y almacena información. El dron adquiere protagonismo al captar el vigor de las plantas, información fundamental para mejorar la precisión”, explica Álvaro González, sub gerente de I+D del Centro.

Por otro lado, se desarrolló GRAPPE, una aplicación para Smartphone que apoya el deshoje del viñedo, actividad en la cual se remueven hojas desde la zona donde están ubicados los racimos con el fin de controlar las condiciones térmicas y lumínicas en que madura la uva. La app entrega un índice de variación de exposición a la luz de los racimos tras obtener imágenes del follaje antes y después del deshoje y fortalece el monitoreo y control de la operación.
El comportamiento de material vegetal clonal de Cabernet Sauvignon traído desde Francia es la tercera investigación presentada. Plantados en parcelas de estudio en la localidad de Cauquenes, se realizan pruebas científicas para determinar cuáles producen uva de mejor calidad y mayor productividad bajo las condiciones climáticas de la zona.
Junto con informar de los primeros avances, el director del CII no quiso dejar de señalar la importancia del área de extensión, cuyo objetivo es diseminar e impactar a los principales públicos de interés de la compañía.

“Desde su inauguración hemos realizado una serie de actividades abiertas a todo público como parte del programa de extensión que van en directo beneficio del desarrollo de la industria. Entre ellas destacan seminarios internacionales, actividades teóricas-prácticas dirigidas a productores de uva y charlas con integrantes de la academia, posicionándolo como escenario para la difusión, extensión y transferencias de alto impacto y de excelencia, y como un espacio de vinculación con la comunidad y los distintos actores que integran la industria”, comenta Casaubon.

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